Hay ideas que sobreviven porque funcionan.

Otras sobreviven porque alguna vez parecieron brillantes.

Y no es lo mismo.

En Lo que hoy funciona también caduca planteamos una incomodidad: obtener buenos resultados hoy no garantiza que la manera de conseguirlos siga siendo válida mañana.

Después, en El futuro exige otras reglas, dimos un paso más. Distinguimos entre Potenciar, cuando conocemos suficientemente bien lo que hacemos, y Explorar, cuando todavía existen preguntas importantes que resolver.

Pero quedó pendiente la parte más difícil.

¿Qué hacemos con aquello que decidimos explorar cuando la evidencia empieza a decirnos que quizá nuestra idea no era tan buena como creíamos?

Éste es un problema mucho más humano que metodológico.

Porque una idea nunca llega sola.

Alguien la imaginó.

La defendió.

Convenció a otros.

Consiguió presupuesto.

Tal vez la presentó ante un consejo o logró involucrar a varios colaboradores.

Después de cierto tiempo ya no estamos evaluando solamente una posibilidad. También estamos evaluando una decisión que nosotros mismos tomamos.

Y entonces cambiar de opinión cuesta.

La psicología lleva décadas estudiando este fenómeno. Se conoce como escalada del compromiso: continuar invirtiendo recursos en una decisión incluso cuando nueva información empieza a cuestionarla.

En innovación puede ser particularmente costoso.

Una idea puede haber sido perfectamente razonable cuando comenzó y dejar de serlo después.

El verdadero problema no es haber apostado por ella.

Es continuar apostando porque ya invertimos demasiado para admitir que ahora sabemos algo distinto.

1. Enamorarse: del problema, no de nuestra primera solución

Las buenas ideas necesitan convicción.

Sin ella sería difícil iniciar algo que todavía no sabemos si funcionará.

Pero convicción no significa compromiso incondicional con la primera respuesta.

Un caso resulta especialmente ilustrativo.

The Cares Family nació en Reino Unido a partir de una experiencia muy concreta. Alex Smith conoció a un vecino mayor que vivía una situación de aislamiento y empezó a preguntarse si aquello que había observado era un caso particular o parte de un problema más amplio.

Podía haber convertido inmediatamente la anécdota en una solución.

Primero buscó evidencia.

Revisó investigaciones disponibles sobre soledad, aislamiento y relaciones entre generaciones. La información confirmó que el problema iba mucho más allá de aquella primera experiencia y ayudó a dar forma a una organización dedicada a generar vínculos comunitarios.

Con el tiempo ocurrió algo todavía más interesante.

La evaluación de su propio trabajo mostró oportunidades que originalmente no habían imaginado. Entre ellas, que las relaciones comunitarias podían contribuir no solo al propósito social, sino también a construir nuevas fuentes de sostenimiento económico.

La solución evolucionó porque el problema permaneció en el centro.

Ésa es una diferencia importante.

Podemos mantener una convicción muy fuerte sobre aquello que queremos cambiar y, al mismo tiempo, conservar suficiente libertad para reconocer que nuestra primera solución quizá no sea la correcta.

Reflexión

Si mañana apareciera evidencia sólida de que el problema que te interesa sigue existiendo, pero tu solución no funciona, ¿cambiarías la solución o buscarías argumentos para conservarla?

Decisiones concretas

  • Escribir por separado cuál es el problema y cuál es la solución que actualmente estamos proponiendo.
  • Identificar qué supuestos tendrían que ser ciertos para que esa solución funcione.
  • Preguntar qué evidencia podría obligarnos a cambiarla antes de invertir más.

“La evidencia nos da permiso para cuestionar la forma habitual de hacer las cosas.”

— Melissa Henry, Common Cause Foundation; caso documentado por Nesta.

El problema merece nuestra persistencia. La solución debe seguir ganándose nuestra confianza.

2. Probar: no para tener razón, sino para poder estar equivocados

Aquí aparece otra distorsión frecuente.

Decidimos qué queremos hacer.

Después construimos una versión acotada.

Y llamamos a eso experimentar.

Pero reducir el alcance de un proyecto no necesariamente convierte al proyecto en un experimento.

Una verdadera prueba tiene que permitirnos descubrir que alguno de nuestros supuestos era incorrecto.

En Ciudad de México, Laboratorio para la Ciudad trabajó durante varios años bajo una lógica precisamente experimental. Era un equipo público que utilizaba intervenciones acotadas antes de plantear soluciones de mayor escala.

Uno de sus proyectos fue Mapatón CDMX.

Durante un periodo limitado se convocó a ciudadanos a recorrer y registrar rutas de transporte colectivo que no estaban adecuadamente documentadas. La apuesta no consistía en construir primero una enorme infraestructura tecnológica. Se utilizó una intervención acotada para descubrir qué información podía obtenerse mediante participación ciudadana, qué dificultades aparecían y qué podía aprenderse antes de avanzar.

Nesta documentó este tipo de iniciativas como ejemplos de innovación frugal: experimentar con recursos controlados para aprender antes de comprometer inversiones mayores.

La lógica es perfectamente aplicable a empresas y organizaciones.

Antes de desarrollar un servicio completo podemos probar si alguien realmente lo necesita.

Antes de modificar toda una operación podemos trabajar con un solo proceso.

Antes de construir una aplicación podemos probar el comportamiento que esperamos provocar.

Antes de ampliar un programa podemos comprobar si produce el resultado que suponemos.

ISO 56001 incorpora precisamente experimentación y aprendizaje como mecanismos para reducir incertidumbre.

Ésa es la función de una prueba.

No confirmar lo que queremos creer.

Reducir aquello que todavía no sabemos.

Reflexión

¿La última prueba que realizaste podía demostrar que estabas equivocado o solamente podía producir argumentos para continuar?

Decisiones concretas

  • Comenzar cada prueba con una pregunta, no con una lista de actividades.
  • Probar primero el supuesto que podría hacer inviable la iniciativa.
  • Establecer límites de tiempo y recursos antes de conocer el resultado.

“Confía en el proceso de prueba, no en tu visión.”

— Frédéric Etiemble, Strategyzer.

Probar es permitir que la realidad participe en la decisión.

3. Medir: evidencia, no movimiento

Hay proyectos que producen una enorme sensación de avance.

Reuniones.

Documentos.

Presentaciones.

Prototipos.

Horas invertidas.

Porcentajes de cumplimiento.

Y después de todo eso todavía no sabemos si deberíamos continuar.

Porque actividad y evidencia son cosas distintas.

TheHorseCourse es una organización social de Dorset, en Reino Unido, que trabaja mediante programas asistidos con caballos para jóvenes y otras personas que enfrentan situaciones complejas.

Cuando Nesta documentó su experiencia, contaba con cinco colaboradores de tiempo completo y alrededor de veinte voluntarios.

No disponía de un departamento especializado de análisis.

Sin embargo, necesitaba saber si su modelo podía generar resultados fuera del entorno específico en el que inicialmente había trabajado.

En lugar de expandirse primero, ofrecieron veinte lugares gratuitos a jóvenes vinculados con servicios sociales locales y evaluaron lo ocurrido. Además, buscaron apoyo externo para fortalecer el diseño y la interpretación de la evidencia.

La situación económica de la organización era delicada. Su fundadora relató que en ese momento disponían aproximadamente de tres meses de financiamiento.

La evaluación terminó siendo fundamental para respaldar el modelo y facilitar nuevas fuentes de apoyo.

El caso cuestiona una excusa habitual:

“no tenemos suficiente capacidad para medir”.

Precisamente cuando los recursos son limitados existen más razones para hacerlo.

Ninguna organización puede permitirse sostener durante demasiado tiempo una decisión equivocada.

ISO 56008, publicada en 2024, desarrolla precisamente la medición de las operaciones de innovación y su utilización para evaluar iniciativas y apoyar decisiones.

No significa llenar tableros.

Significa tener información suficiente para responder una pregunta concreta:

¿qué sabemos ahora que no sabíamos cuando comenzamos?

Reflexión

Si eliminaras de tus indicadores todo aquello que solamente demuestra que el equipo trabajó, ¿qué información quedaría para decidir si la iniciativa merece continuar?

Decisiones concretas

  • Separar los indicadores de actividad de aquellos que aportan evidencia sobre la hipótesis.
  • Definir antes qué información podría cambiar una decisión.
  • Aumentar la exigencia de evidencia conforme crece la cantidad de recursos comprometidos.

“La evidencia es disruptiva, y eso es bueno: provoca conversaciones, plantea preguntas y aporta una perspectiva nueva.”

— Harriet Laurie, fundadora de TheHorseCourse; caso documentado por Nesta.

Medir bien no consiste en saber más cosas. Consiste en poder decidir mejor.

4. Detener: no es abandonar ante la primera dificultad

Aquí podemos caer fácilmente en el extremo contrario.

Si decimos que las ideas deben ganarse el derecho a continuar, alguien podría interpretar:

“si algo no funciona rápidamente, hay que eliminarlo”.

Eso también sería un error.

Innovar requiere perseverancia.

Una señal temprana puede ser insuficiente.

Los comportamientos necesitan tiempo para cambiar.

Una nueva capacidad puede requerir aprendizaje.

Una prueba puede demostrar que el enfoque necesita ajustes, no necesariamente que el problema deba abandonarse.

La cuestión no es detener pronto.

La cuestión es no continuar automáticamente.

Una investigación recogida por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos —OCDE— en sus Perspectivas de Ciencia, Tecnología e Innovación 2025 muestra muy bien esta diferencia.

En un experimento realizado con sesenta empresas, una intervención destinada a introducir métodos de diseño consiguió aumentar el conocimiento de esas metodologías y la comprensión práctica del diseño centrado en usuarios.

La primera lectura podía parecer positiva.

Pero al revisar posteriormente si aquellas organizaciones tenían mayor intención de invertir en diseño digital, no apareció una diferencia estadísticamente significativa.

Una primera señal decía:

“aprendieron”.

La siguiente decía:

“todavía no sabemos si ese aprendizaje cambiará su comportamiento”.

No era razón para declarar un fracaso.

Pero tampoco para proclamar un éxito y ampliar inmediatamente la intervención.

Otro experimento, Creative Credits —Créditos Creativos—, llegó a una conclusión parecida.

Las empresas participantes mostraron inicialmente mayores niveles de innovación y crecimiento en ventas. Si la evaluación hubiera terminado ahí, el programa habría parecido un candidato evidente para ampliarse.

Sin embargo, después de doce meses la diferencia dejó de ser estadísticamente significativa.

La evidencia posterior modificó la interpretación inicial.

Eso es exactamente lo que necesitamos que haga un buen proceso de innovación.

Obligarnos a revisar nuestras conclusiones.

Detener no siempre significa cancelar.

Puede significar modificar.

Esperar.

Reducir la inversión.

Volver a probar.

O sencillamente negarnos todavía a ampliar una iniciativa para la que no tenemos evidencia suficiente.

Reflexión

¿Qué iniciativa estás considerando exitosa porque mediste demasiado pronto?

Decisiones concretas

  • Acordar antes qué resultados justificarían continuar, modificar o detener.
  • No convertir una primera señal favorable en autorización automática para ampliar.
  • Revisar siempre qué nueva evidencia necesitamos antes de comprometer los siguientes recursos.

En experimentación de políticas, la evaluación debe utilizarse para decidir si una intervención debe ampliarse, modificarse o detenerse.

— OCDE, Perspectivas de Ciencia, Tecnología e Innovación 2025.

Perseverar no es continuar sin condiciones. Es continuar mientras todavía existan razones para aprender.

5. Aprender: para que una idea muerta deje algo vivo

Aquí llegamos finalmente al título.

Una buena idea también merece morir.

Pero su muerte tendría que dejarnos algo.

De otro modo podemos cancelar proyectos durante años y continuar cometiendo exactamente los mismos errores.

Action Tutoring nació como una organización social dedicada a proporcionar tutorías a estudiantes en situación de desventaja.

Al crecer, comenzó a recibir solicitudes muy diversas de las escuelas con las que trabajaba.

Aceptar todas podía parecer una señal de éxito.

Más demanda.

Más beneficiarios.

Más actividad.

Pero conforme la organización empezó a evaluar sistemáticamente sus resultados ocurrió algo distinto.

La evidencia les permitió comprender mejor dónde funcionaba realmente su modelo.

Esa claridad les dio suficiente confianza para decir que no a solicitudes que se alejaban de aquello que habían comprobado que producía mejores resultados.

Posteriormente utilizaron esa misma evidencia para respaldar una expansión más enfocada.

No aprendieron solamente qué hacer.

Aprendieron qué no hacer.

Y probablemente ése sea uno de los aprendizajes más valiosos que puede producir una exploración.

En Decides mal por falta de criterio planteamos que disponer de más información no garantiza mejores decisiones si no existe claridad respecto de qué estamos evaluando.

Aquí ocurre exactamente lo mismo.

Una iniciativa que termina debería dejar respuestas.

¿Qué suponíamos cuando comenzamos?

¿Qué descubrimos?

¿Qué quedó refutado?

¿Qué cambiaríamos?

¿Qué no volveríamos a financiar de la misma manera?

¿Qué podrá decidir mejor la siguiente persona gracias a lo que aprendimos?

ISO 56001 reconoce explícitamente que no todas las iniciativas producirán una innovación exitosa y que aquellas que se interrumpen pueden generar aprendizaje para futuras iniciativas.

Eso cambia completamente el significado de detener.

Ya no es ocultar el proyecto que no funcionó.

Es recuperar el conocimiento antes de cerrarlo.

Reflexión

Cuando una iniciativa termina en tu organización, ¿queda aprendizaje disponible para la siguiente decisión o únicamente desaparece del tablero?

Decisiones concretas

  • Registrar qué supuestos fueron confirmados y cuáles fueron rechazados.
  • Conservar la evidencia que llevó a modificar o detener la iniciativa.
  • Convertir cada aprendizaje relevante en un criterio para decisiones futuras.

“Cuanto más evaluábamos y medíamos nuestro impacto, más seguros nos sentíamos acerca de nuestro modelo.”

— Action Tutoring, caso documentado por Nesta.

Aprender es lo que evita que el costo de una idea terminada se convierta simplemente en desperdicio.

Quizá éste sea el sistema mínimo

Al final del artículo anterior dejamos una pregunta abierta:

¿cuánto sistema necesitamos realmente para innovar?

Después de recorrer estos tres artículos, mi respuesta es bastante menos espectacular que muchos modelos de innovación.

Tal vez al principio necesitemos cinco disciplinas.

Enamorarnos.

Lo suficiente para atrevernos a comenzar.

Pero del problema, no de nuestra primera solución.

Probar.

No para demostrar que teníamos razón.

Para permitir que la realidad nos contradiga.

Medir.

No cuánto trabajamos.

Sino cuánto disminuyó la incertidumbre.

Detener.

No ante la primera dificultad.

Sino cuando la evidencia deja de justificar seguir comprometiendo recursos de la misma manera.

Aprender.

Para que la siguiente apuesta no empiece exactamente con la misma ignorancia que la anterior.

Visto así, los tres artículos forman una sola conversación.

Lo que hoy funciona puede caducar.

Aquello que todavía desconocemos necesita reglas distintas para ser explorado.

Y una idea que decidimos explorar no adquiere por haber comenzado el derecho a sobrevivir.

Tiene que ganárselo.

No con entusiasmo.

No con la jerarquía de quien la propuso.

No con el dinero que ya gastamos.

Con evidencia.

Y probablemente ahí aparezca una de las pruebas más incómodas de nuestra verdadera capacidad para innovar:

Ser capaces de abandonar una solución sin abandonar el problema que queríamos resolver.

Esa conclusión no exige una nueva metodología.

Exige algo bastante más difícil.

Estar dispuestos a cambiar de opinión cuando aquello que aprendimos ya no coincide con aquello que creíamos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *